Acto discriminatorio

20 11 2009

Subo al taxi en la glorieta de siempre. Solo hay dos personas dentro del taxi. El vehículo avanza en su camino y pocas cuadras después sube una tercera persona. Ahora somos cuatro en el taxi.

El taxi se para justo en la vuelta del boulevard. Se baja la persona que va en el asiento del copiloto. Taxi avanza unas cuantas cuadras. Dos personas le hacen la parada, una de ellas una jovencita y otra un vocero de periódicos. El vocero camina 5 pasos adelante del taxi y le ayuda a un señor mayor que trae un bastón, es ciego.  La joven duda si subirse en el asiento del copiloto o en la parte media que es donde voy yo. Decide subirse sin esperar a preguntar nada y el ciego se sube a un lado de mí. Empiezo a maldecir en mi cabeza a la joven que se sentó enfrente. ¿Cómo es que no lo dejó subir  enfrente?, si las personas que vamos a tras queremos bajar, lo vamos a tener que molestar. El taxi avanza mientras yo sigo maldiciendo en mi cabeza a “esa” que va enfrente. Llegamos a dos semáforos antes de mi destino. Le diré a ella que si me deje bajar por enfrente para no molestar al ciego,  que ella tenga que ser la que se incomode por no haber elegido sentarse en la parte de atrás o la parte media.

–          Bajan en el siguiente semáforo –  dice la muchacha que va en el último asiento adelantándoseme para hacer la parada.

El taxi para.

–          Aquí tiene-  Le doy el dinero al taxista. El ciego me pregunta que si bajaré. Le contesto que no se moleste, que bajo por enfrente. Acto seguido, me dirijo a la inconsciente y muy maldecida por mí :

–          Me das permiso de bajarme por favor, para no molestar al señor.

Bajo del taxi aun molesta con la chiquilla “esa”. Si fuera violenta habría hecho como que me caía del taxi para golpearla, pero no soy así.  Se salvó.

Camino hacia el segundo taxi que debo tomar. Mi cabeza sigue pensando en los eventos. Me siento avergonzada, yo también debí dejar pasar al ciego en mi lugar y yo quedar en la orilla. Ahora a la que le llueven las maldiciones es a mí.





No poemas

20 11 2009

Si tuviera esos ojos para mirar todos los días, querría ver el mundo como lo haces tú.
Si tuviera esos labios para besar cada mañana, me perdería en la inmensidad de ellos para navegar hasta ser parte de ellos.
Si tuviera esa sonrisa para alegrar mi mundo, cualquier tristeza se desvanecería en ella.
Si tuviera esos brazos para sentir su fuerza abrazándome, dejaría de pretender que soy fuerte para dejar que ellos me reconfortaran.
Si tuviera ese pecho para recostar mi cabeza, descansar sería más fácil cada noche.
Si tuviera esa habilidad para la composición, me dedicaría a inventar una frase nueva para cantarla junto a ti cada día.
Si tuviera ese Sol, no me sentiría en la oscuridad nunca más.





Buscando el freno

20 11 2009

En el punto medio de la montaña rusa intento poner obstáculos en el carril que he dejado atrás. Quiero subir al punto más alto y que esta vez no vuelva a caer tan rápido al precipicio. Si tuviera un freno que me hiciera mantenerme ahí, aún con el temor a las alturas, me quedaría en ese lugar hasta que llegues por mi podamos descender hasta el lugar en el que la montaña rusa cambie a una carretera en línea recta, en el que tal vez haya algunas subidas y bajadas, pero no del tamaño de esta montaña rusa de emociones en la que nos hemos subido.





De temores

20 11 2009

Voy como siempre en el asiento del copiloto de camino a algún lugar. Mi hermana en el volante y quejándose del tráfico como siempre. Suena el celular de ella, es mi cuñado. Empiezan a hablar de no sé qué. De pronto, ella empieza a llorar, señala su hombro y veo que tiene un poco de sangre. Me pasa el celular. Mi cuñado me pregunta que cómo estoy, le contesto que bien, que a mi hermana no se qué le pasa, me dice que a ella nada, que es a mí. Me quedo desconcertada ante su respuesta. Reviso por instinto mi cuerpo y veo que debajo de mi pecho, en un costado, mi blusa está ensangrentada. De repente un dolor empieza a sentirse. Cuelgo el teléfono. Veo a mi hermana y le digo que no me di cuenta cuando pasó, no tengo la certeza de que sea, pero lo presiento. También intento calmarla y respirar un poco más relajada, siento que se me va el aire.

El camino se hace más rápido y llego a casa. Todos se acercan asustados a verme. Me levanto la blusa y veo como de una herida circular brota algo de sangre, poca pero constante, no deja de salir. Toco la herida, siento un ardor. Algo abrió mi piel. Veo y siento algo de metal. El sentimiento que surge en mi, además del dolor físico, es la necesidad de buscar a una de mis amigas para que si algo me pasa, “S” sea avisado. Siento que mis ojos se cierran. Voy a desmayarme. Despierto.





Vigila, de Frank Outlaw

20 11 2009
Vigila tus pensamientos, se convierten en palabras.

Vigila tus palabras, se convierten en acciones.

Vigila tus acciones, se convierten en hábitos.

Vigila tus hábitos, se convierten en carácter.

Vigila tu carácter, se convierte en tu destino.

Frank Outlaw





Frase de La momia

20 11 2009

Estamos en el mes que repiten en más de tres canales la serie de películas La momia. En una de esas veces que le dejé para ver el final (siempre es emocionante volver a ver como los buenos siempre vencen a los malos) dijeron una frase que, bueno, creo se puede aplicar a todo lo que hacemos y aquí la dejo para los que quieran empezar a reflexionar:

“Sólo la ruta está escrita, no el destino”





Propuesta I

20 11 2009

Quisiera llegar el borde de la locura junto a ti. Tener una noche desbordante de amor poder gritar a los cuatro vientos el sentimiento que crece cada día gracias a ti. Disfrutar de tu compañía sin temor a que algo suceda, que algo nos aleje. Decidir a tu lado que es lo que hace falta para la comida del día, comprar una vajilla nueva porque tendremos visita. Recostarnos en el pasto en posición contraria para recibir los rayos del sol, con tu rostro junto al mío para poder confundir en mi mejilla el pasto con tu barba. Correr para que no me alcances cuando me he llevado tus zapatos en nuestra tarde en la playa. Ver el atardecer abrazados. Llegar a casa y tirar las llaves en la mesa para ir directo a la ducha y después tirarnos en la cama como cada noche.

Llegar al borde de la locura sería desayunar amor, comer amor y cenar amor. ¿Qué dices, lo intentamos?