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15 07 2011

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Carta a mi affaire

7 06 2011

Te he abandonado, lo sé, y no quiero que entiendas mi justificación. No tienes la culpa, todo está en mí, de pronto quería más de lo que tú jamás me podrás dar.

Pero no te he olvidado. De vez en cuando siento la necesidad de correr hacia ti, pero cuando empiezo a pensar…ahora hay alguien que me llena más que tu.

¡…Pero si te hace sentir mejor, prometo buscarte de vez en cuando! , no puedo asegurarte que será todos los días, solo los días  que me este quemando y necesite buscarte para desahogarme contigo. Piensa que ahora que lo tengo a él, nuestro affaire tendrá que ser diferente. Ve el lado positivo, tal vez en esta etapa des vida a temáticas que aun no has explorado.

Estoy en un nuevo período ahora que él y tu, mi pluma, duermen conmigo en el mismo sitio.





Realidad imaginaria I

16 06 2010
Hoy te soñé despierta y dejé de respirar por segundos al sentirte tan cerca, tan real, tan mio. Tus brazos se extendieron para rodearme. Me apretabas hacia tu cuerpo. Yo no pude hacer otra cosa mas que rodearte con mis brazos tu cuello. Me besaste en un beso cálido y extenso donde nuestros labios mantenían una lucha agradable que me hacia suspirar y desear perderme en ellos. Fue cuando sentí que mi pecho crecía a tal grado que pensé explotaría. El contacto de mis manos en tu cuello y tus manos en mi cintura provocaron choques eléctricos que recorrieron todo mi cuerpo. Nunca antes lo había sentido con nadie.
Hoy te soñé despierta y fue tan real que estoy segura cuando leas esto, habrás imaginado y soñado despierto como yo.
¿Y si tu lo has soñado y yo también, quién dice que no fue real?




Objetos olvidados

6 04 2010

Lo dejé olvidado en un taxi a pesar de haber leído la calcomanía: “no nos hacemos responsables de objetos olvidados”

Por tanto tiempo me había acompañado, que no comprendo cómo es que no me di cuenta que aquel día al bajarme del taxi ya no venia conmigo. Debió haber sido aquel pasajero delgado que se subió junto a mí. Su mirada me sonrojó,  su sonrisa me congeló el cuerpo y enardeció mi corazón, provocando  de esta manera una distracción que hizo  olvidarme de todo lo que traía conmigo.

En el transcurso de ese viaje de vuelta a mi interior, se mantuvo a mi lado estando ausente y yo me acostumbre a su “presencia” hasta  llegar a necesitarla. ¿Cómo pasó? No lo sé, pero intuyo que ese pasajero debió de arrancarme ese objeto que vivía conmigo desde hace años y lo dejó en el asiento contiguo sin yo mirarlo,  por eso cuando me bajé de ese taxi para subir a otra ruta, mientras mantenía agarrada la mano de este pasajero, no pude notar que olvidaba algo.

A decir verdad no creo que vuelva a encontrar dicho objeto,  ni tampoco  lo buscaré y mucho menos creo necesitarlo;  con el pasajero de ojos brillantes y sonrisa abrazadora a mi lado no será necesario encontrar el miedo a amar que perdí en aquel taxi con ruta hacia una vida vacía que abordé una vez y que nunca más cogeré.





XI

25 02 2010

–          ¿Y ahora qué?,-  le pregunto a la Luna que está con mirada perdida

–          No pensaba que fuera a pasar

–          ¿Qué cosa?

–          Que el Sol pudiera ser libre en algún momento

–          ¿El Sol?, tu sí que estas alunizando. ¿libre de qué?

–          De lo que sea, el punto es que aunque lo deseaba, parecía algo imposible-  me contestó sonriendo

–          Y eso es lo que te tiene perdida en la inmensidad de tus sueños

–          No

–          ¿Entonces?-  le pregunte extrañada

–          Es que ahora me doy cuenta lo perdidamente enamorada que me tiene. Sus palabras son el alimento de la luz que sale de mi centro.

–          ¿Tu centro?, ¿A qué te refieres?

–          Es que, ¿sabes? Yo tengo aquí su corazón- me lo dijo apretando sus manos contra el pecho.

–          ¿Y el que tiene entonces?, le volví a preguntar.

–          El tiene el mío-  suspiro profundamente.

–          ¿Y cuál es el propósito?

–          No lo recuerdo-  lo dijo frunciendo el ceño-  pero no importa, a mi ese corazón ya no me sirve

–          ¿Por qué?, le pregunte por ultimo asustada.

–          Porque ya no es mío, en cuanto el Sol lo tocó, se convirtió en su dueño y si algún día ya no lo quiere, tendría que quemarlo porque no podrá ser de nadie más.

–          No te entiendo-  le dije.

–          No hace falta que lo hagas, me entiendo yo y él también.

Y regresó en el estado letárgico que se encontraba cuando la encontré, sentada en el parque y recibiendo los rayos del Sol, mientras yo aun sigo preguntándome qué es lo que me estaba diciendo la Luna.